¿Sabes cómo trata tu manager a las mamás y papás que regresan de licencia? Lo que el banco número 1 de México se atrevió a hacer


¿Sabes cómo trata tu manager a las mamás y papás que regresan de licencia? Lo que el banco número 1 de México se atrevió a hacer.
Una colaboradora regresa de su licencia de maternidad y encuentra que todos sus proyectos estratégicos están en ceros.
Nadie la cubrió bien. Nadie gestionó su regreso. Al volver, tuvo que reconstruir su equipo desde cero — con jornadas dobles — para apagar los incendios que dejó su ausencia.
Otra regresa y su manager comienza a excluirla de los proyectos más importantes. No por hostilidad. Por "cuidarla". Porque asumió que con un bebé en casa ya no querría los retos difíciles.
Nadie le preguntó qué quería ella.
Y hay una más: su manager agenda juntas recurrentes exactamente en su hora de lactancia. No por maldad. Simplemente no lo pensó. Forzándola a elegir entre su bebé o su visibilidad en el equipo.
Estas no son historias de otras empresas. Son patrones que se repiten en organizaciones de todos los tamaños, con buenas políticas, buenas intenciones y managers que genuinamente creen que están haciendo bien su trabajo.
Por qué las buenas políticas no son suficientes
Muchas organizaciones tienen políticas de maternidad y paternidad bien diseñadas. Licencias extendidas, beneficios de lactancia, esquemas flexibles. Todo en el papel.
Y aun así, la brecha existe.
Porque entre lo que una política dice y lo que pasa en el día a día del equipo hay una distancia que ningún reglamento cierra solo. Lo que determina la experiencia real de quien regresa no es el documento de RH. Es lo que hace — o deja de hacer — su manager directo.
Lo que pasa en los equipos cuando nadie lo está mirando
Cuando empecé a recopilar situaciones reales para diseñar este proyecto de entrenamiento, lo que encontré en el mercado me dejó sin palabras. No por lo extraordinario — sino por lo cotidiano.
Managers que dicen "lo primero es tu bebé" y la misma semana asignan un proyecto urgente sin periodo de adaptación. Líderes que evalúan el desempeño anual con "cumplimiento parcial" porque la colaboradora no pudo participar en el proyecto del último trimestre — el que ocurrió durante su licencia legal.
Colaboradoras que regresan y su equipo de cómputo está bloqueado, sus accesos han expirado y nadie gestionó nada. Su primera semana de regreso la pasan sintiéndose invisibles y frustradas.
Y la que más me impactó: la persona que tiene derecho a su hora de lactancia pero cuyo manager agenda juntas recurrentes exactamente en ese horario. Sin malicia. Sin consciencia.
Lo que une estas historias no es la maldad. Es la ausencia de algo que los managers nunca recibieron: habilidades concretas para gestionar uno de los momentos más humanos que cualquier líder enfrenta.
Y tiene nombre: se llama Cultura del Cuidado
El banco número 1 de México nos pidió algo que casi nadie se había atrevido a hacer: diseñar un entrenamiento real para managers con personas que regresan de licencia de maternidad y paternidad.
No una campaña de comunicación. No un manual de políticas. Un entrenamiento con casos reales, con incomodidad, con preguntas que no tienen respuesta fácil.
Porque detrás de ese encargo había una convicción: que cuidar bien a las personas no es solo una declaración de valores. Es una habilidad de liderazgo. Y como toda habilidad — se aprende, se practica y se mide.
La cultura del cuidado no vive en el manual de RH. Vive en la decisión que toma un manager un martes por la tarde cuando nadie lo está mirando. En si protege la hora de lactancia aunque coincida con la reunión más importante de la semana. En si le pregunta a la persona que regresa qué necesita — o asume por ella.
Eso tiene nombre. Y ese nombre empieza a entrenarse.
Lo que cambia cuando un manager sabe acordar, no solo empatizar
Aquí está la clave de todo.
Un manager puede sentir profundamente lo que vive la persona que regresa. Puede tener toda la empatía del mundo. Y aun así — si no sabe acordar — esa empatía se convierte en improvisación. Y la improvisación, cuando la presión del negocio sube, siempre cede.
El acuerdo es lo que convierte la buena intención en un compromiso real. Es la conversación que ocurre antes de que la persona regrese — no después de que algo salga mal. Es definir juntos qué cambia, qué se protege, qué responsabilidades se redistribuyen y por cuánto tiempo.
Y cuando ese acuerdo se revisa — cuando el manager lo cuida en el tiempo, cuando lo sostiene ante la presión, cuando vuelve a él si algo cambia — algo se transforma en el equipo.
La persona que regresa siente que fue esperada. Que su lugar estaba guardado. Que no tiene que ganarse de nuevo lo que ya había construido.
Y el manager que aprende a hacer esto no solo está gestionando un regreso de licencia. Está elevando su propia capacidad de liderar en los momentos que más importan.
La cultura del cuidado bajo presión no se declara — se entrena
Hay una creencia extendida en las organizaciones: si comunicamos bien los valores, si tenemos las políticas correctas, si los líderes "tienen conciencia", la cultura del cuidado bajo presión ocurrirá sola.
No ocurre sola.
Ocurre cuando un manager sabe exactamente qué decir el día que alguien regresa de licencia. Cuando tiene la conversación difícil con el equipo antes de que los ajustes generen resentimiento. Cuando protege lo que acordó aunque la semana esté al límite.
Eso no se aprende en un correo de RH. Se aprende con un caso que incomoda, una pregunta que no tiene respuesta obvia y el tiempo suficiente para que algo cambie de verdad.
La cultura del cuidado no es un valor declarado en la pared. Es una práctica que se sostiene en las decisiones pequeñas, cotidianas y concretas de quien lidera.
Y eso — como cualquier habilidad de liderazgo — se entrena.
La pregunta que incomoda
Tu organización tiene políticas de maternidad y paternidad.
¿Tus managers saben qué hacer — y qué no hacer — el día que esa persona regresa?
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