¿Cuántos años llevas haciendo la misma entrevista?

Ingrid Medina

Cambian los candidatos, cambian las empresas. Pero las preguntas y las respuestas parecen seguir siendo las mismas.

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Hace diez años descartaba a candidatos que llegaban con respuestas ensayadas, convencidos de que decían lo que yo quería escuchar. Hoy les enseño a tener una conversación que les permita mostrar su verdadero valor.

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Durante buena parte de mi carrera estuve del otro lado de la mesa. Como directora de Recursos Humanos entrevisté a cientos de líderes. Quería conocer a la persona detrás del currículum:

entender cómo pensaba, qué decisiones había tomado, qué había aprendido de sus errores y qué podía aportar a la organización.

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Pero las respuestas perfectamente preparadas no siempre me permitían descubrirlo.

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Hoy, después de años acompañando a líderes en sus transiciones de carrera, estoy del otro lado de la mesa. Y desde aquí he descubierto algo que antes no siempre podía ver: una trayectoria profesional puede tener mucho más valor del que una entrevista logra revelar.

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Entonces, 

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¿Cuántas oportunidades habremos perdido porque unos no supieron mostrar su valor y otros no supimos descubrirlo?

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1. Lo que no aparece a primera vista

Una trayectoria diferente puede esconder exactamente lo que una empresa necesita.

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Hace poco empecé a trabajar con Pablo, un profesional con diez años de experiencia, una maestría internacional con doble titulación en Alemania y China, y una trayectoria que combina el sector público y el privado.

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Si hubiera revisado su currículum hace años, probablemente habría pensado que era demasiado joven para ciertas posiciones, que le faltaba experiencia en el sector privado o que su trayectoria no encajaba del todo con lo que estábamos buscando.

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Esta vez hice algo diferente. En lugar de concentrarme en lo que aparentemente le faltaba, empecé a explorar lo que había construido.

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Su experiencia en el sector público le había permitido entregar resultados en múltiples entornos complejos. Su participación activa en comités de diversidad, equidad e inclusión le había dado exposición a temas de cultura organizacional. Y, además, había desarrollado habilidades para optimizar procesos utilizando inteligencia artificial.

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De pronto, lo que parecía una trayectoria poco convencional revelaba un perfil capaz de conectar operación, tecnología, cultura y personas. Una combinación valiosa para organizaciones que buscan transformar sus operaciones sin perder de vista a quienes hacen posible el cambio.

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Pablo no había cambiado su experiencia. Yo había cambiado la manera de interpretarla.

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Pero había un problema: él todavía no sabía cómo comunicar todo ese valor.

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2. No necesitas una historia diferente. Necesitas aprender a contar la tuya.

No se trata de decir lo que quieren escuchar, sino de comprender qué necesitan.

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Mientras trabajábamos en su posicionamiento profesional, surgió una dificultad que encuentro con frecuencia. Pablo sabía explicar dónde había trabajado, qué responsabilidades había tenido y cuáles eran sus principales logros. Lo que le costaba era conectar todo eso con las necesidades de una empresa que aún no conocía.

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Y entonces cambiamos el enfoque.

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En lugar de preparar respuestas para las preguntas que probablemente le harían, empezamos a trabajar en tres habilidades:

  • Escuchar para comprender. Prestar atención a lo que el entrevistador dice, identificar qué está buscando y reconocer las preocupaciones que pueden estar detrás de sus preguntas.
  • Conectar su experiencia con los retos del negocio. No limitarse a enumerar responsabilidades y logros, sino explicar cómo lo aprendido podía ayudar a resolver los problemas de esa organización.
  • Construir una conversación. Hacer preguntas, explorar otras perspectivas y atreverse a expresar una opinión diferente cuando pudiera aportar valor a la discusión.

No se trataba de inventar competencias, exagerar logros o convertirse en alguien diferente para conseguir el puesto.

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Cuando Pablo comprendió esa diferencia, dejó de prepararse para demostrar que cumplía con una lista de requisitos y empezó a prepararse para descubrir dónde podía aportar valor.

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3. ¿En qué momento convertimos las entrevistas en exámenes?

Si el candidato intenta adivinar la respuesta correcta, probablemente estamos haciendo las preguntas equivocadas.

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He estado en ambos lados de una entrevista de trabajo. El entrevistador pregunta, el candidato intenta encontrar la respuesta correcta, uno evalúa y el otro intenta aprobar.

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Pero pensemos en lo absurdo de esta dinámica. Buscamos managers capaces de tomar decisiones, trabajar con autonomía, resolver problemas y cuestionar lo establecido. Sin embargo, durante la entrevista esperamos que respondan nuestras preguntas sin salirse demasiado del guion.

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Necesitamos evaluar competencias y resultados, por supuesto. Pero también descubrir si esa persona será capaz de tomar decisiones cuando no tenga todas las respuestas, proponer alternativas y convertir sus ideas en acciones.

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Imaginemos que estás entrevistando a alguien para liderar un área que necesita mejorar sus resultados. En lugar de preguntarle cuáles son sus principales fortalezas, podrías plantearle:

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«Tenemos un equipo que lleva seis meses sin cumplir sus objetivos. Hemos intentado varias iniciativas, pero los resultados no cambian. Si asumieras esta posición, ¿por dónde empezarías?».

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Y entonces escucha.

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¿Hace preguntas antes de proponer soluciones? ¿Cuestiona tus supuestos? ¿Identifica información que le falta? ¿Propone alternativas? ¿Explica cómo llevaría sus ideas a la práctica?

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Eso te dice mucho más sobre su capacidad para liderar que una respuesta perfectamente ensayada.

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Y esa conversación también le permite al candidato descubrir si tendrá la autonomía y las condiciones necesarias para hacer bien su trabajo.

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Porque el candidato no está ahí solamente para ser elegido. También está eligiendo.

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4. Los dos lados de la mesa tienen algo que aprender

Una buena conversación exige mucho más que preparar preguntas y respuestas.

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Después de tantos años entrevistando ejecutivos y ahora acompañándolos en sus transiciones profesionales, creo que hay algunas cosas que ambos lados podemos hacer mejor.

Si eres candidato:

  • Escucha antes de responder. No te concentres tanto en recordar lo que preparaste que dejes de escuchar al entrevistador.
  • Conecta tu experiencia con sus desafíos. No repitas tu currículum. Demuestra cómo puedes aportar valor a la organización.
  • Atrévete a tener una opinión. No tienes que estar de acuerdo con todo. Preguntar, plantear otra perspectiva o expresar una opinión diferente demuestra tu criterio profesional y eleva la conversación.

Y si tienes tus notas de apoyo o un acordeón detrás de la computadora durante una entrevista virtual, mientras buscas tu siguiente respuesta, te estás perdiendo la oportunidad de escuchar y descubrir lo que realmente le importa a la persona que tienes enfrente.

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Si eres entrevistador:

  • Cuestiona tus propios filtros. ¿Estás evaluando competencias indispensables o buscando una trayectoria que encaje con tus expectativas?
  • Explora antes de descartar. Una trayectoria diferente puede revelar capacidades y perspectivas que no aparecen en el currículum.
  • Abre espacio para conversar. No te limites a comprobar respuestas. Haz preguntas que te permitan descubrir cómo piensa el candidato.

5. La experiencia también puede convertirse en un filtro

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Cuanto más crees saber, menos preguntas haces.

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Después de entrevistar a cientos de ejecutivos, es fácil creer que puedes reconocer rápidamente a un buen candidato.

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Una trayectoria, una respuesta, una primera impresión. A veces crees que ya sabes lo suficiente.

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Pero la experiencia también puede jugar en tu contra cuando empiezas a buscar confirmaciones de lo que piensas en lugar de descubrir algo nuevo.

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Hoy me interesa mucho más lo que todavía no sé de una persona que lo que creo haber entendido durante los primeros diez minutos.

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Porque una buena entrevista también debería ser capaz de cambiar tu opinión.

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Una invitación a seguir la conversación

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