Hiciste todo bien. ¿Entonces por qué ya no sigues creciendo?

Ingrid Medina

1. Eres más caro. Entonces no compitas por precio.

Veinte o treinta años de experiencia cuestan más que cinco. Pretender competir haciendo esencialmente lo mismo que alguien mucho más joven, pero por el doble del salario, es una batalla difícil de ganar.

La pregunta ya no puede ser solamente:

“¿Cómo justifico lo que gano?”

Tiene que convertirse en:

“¿Qué problema sé resolver que justifica lo que cuesto?”

Experiencia no es haber trabajado veinte años. Es haber visto suficientes crisis, errores y decisiones como para detectar antes un problema, resolverlo mejor o evitar que ocurra.

No vendas años. Vende el valor que esos años te permiten generar.

2. Hay menos posiciones arriba. Amplía el tablero.

Esto también es matemática.

Una organización puede tener 100 especialistas, 30 managers, ocho directores y dos vicepresidentes.

Mientras más avanzas, menos lugares hay arriba. Si tu única definición de crecimiento es subir, cada vez compites por menos posiciones.

Por eso, después de cierta edad, quizá conviene ampliar el tablero: una empresa más pequeña, una posición lateral, advisory, consultoría, docencia, un rol fractional, emprender o combinar varias cosas.

Si ya no hay tantas posiciones arriba, ¿cómo vas a seguir creciendo aunque tu siguiente paso no sea un ascenso?

3. El mercado está cambiando. Invierte en tu futuro profesional.

En los últimos años he visto de todo: personas que sienten que parte de lo que saben hacer está perdiendo valor; otras que se preguntan si todavía vale la pena estudiar una maestría, aprender IA o desarrollar una nueva habilidad.

Y también he visto algo más interesante: personas que empiezan a imaginar una vida profesional distinta.

Una abogada que descubrió que siempre le gustó la psicología. Un CFO que quiere dar clases de matemáticas. Un empresario que también trabaja en la conservación de aves. Una amiga que fue directora de planeación financiera y hoy tiene dos hogares para adultos mayores.

Por eso, cuando me preguntan qué estudiar o qué aprender a esta edad, mi respuesta casi siempre es la misma: invierte en tu futuro profesional, en la intersección entre lo que amas hacer, lo que sabes hacer bien y lo que el mercado necesita.

No se trata de empezar de cero. Se trata de decidir qué quieres hacer con todo lo que ya construiste.

4. Existe sesgo por edad. No puedes eliminarlo, pero sí decidir qué señales mandas.

Hay empresas y personas que van a preferir perfiles más jóvenes. Puedes llamarlo estructura de costos, cultura, potencial o como quieras.

A veces, simplemente, es edadismo.

Eso existe.

No puedes controlar el sesgo de quien está enfrente. Sí puedes controlar las señales que mandas.

Revisa tu CV y tu perfil de LinkedIn.

¿Dejan claro qué puedes resolver hoy? ¿Muestran logros, métricas e impacto o solamente responsabilidades? ¿Reflejan formación reciente, nuevas herramientas y evidencia de que has seguido evolucionando?

¿Tu red de contactos sabe qué haces hoy y qué puedes ofrecer?

Tus años de experiencia no hablan por sí solos. Tienes que aprender a traducirlos.

Momento Clave

Y también hay algo más: mientras más avanza tu carrera, quizá conviene reducir cuánto depende tu futuro profesional de que una sola persona decida contratarte o promoverte.

No significa renunciar mañana para poner una empresa.

Significa empezar a pensar en algo que probablemente nadie te enseñó durante los primeros veinte años de carrera: autonomía profesional.

Puede ser construir una red antes de necesitarla, desarrollar una especialidad que puedas vender fuera de tu empleo, asesorar, emprender o crear una segunda fuente de ingresos.

Porque quizá después de los 40, 50 o 60, la pregunta ya no debería ser solamente:

¿Cuál es mi siguiente puesto?

También debería ser:

¿Cómo quiero generar valor e ingresos durante los próximos veinte años?

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