Ana quiere seguir creciendo.
Es una gerente ambiciosa, disfruta los retos difíciles y no tiene ninguna intención de quedarse donde está. Quiere participar en decisiones más importantes, tener mayor influencia en el negocio, asumir retos más complejos y, por supuesto, seguir mejorando su compensación.
El problema aparece cuando mira hacia arriba.
Su jefe vive conectado. Su agenda está llena de reuniones, se involucra constantemente en temas operativos y parece estar disponible a cualquier hora. Tiene una posición importante, sí, pero cuando Ana mira el siguiente nivel también puede ver el precio que parece venir con él.
En una de nuestras conversaciones me dijo algo que he escuchado, de distintas maneras, en otros ejecutivos:
“Yo sí quiero crecer. Lo que no sé es si quiero el trabajo de mi jefe.”
Y entonces empezamos a separar cosas que hasta ese momento estaban mezcladas.
1. Querer crecer no significa querer el siguiente puesto
Una cosa es el puesto. Otra, cómo decides ejercerlo
Cuando empezamos a separar lo que Ana quería de lo que veía en el puesto de su jefe, apareció algo interesante. Había muchas cosas del siguiente nivel que sí le atraían:
- Más influencia, pero no estar involucrada en cada decisión.
- Retos más complejos, pero no vivir apagando incendios.
- Más responsabilidad, pero no convertirse en la persona de la que todo depende.
- Mejor compensación, pero no estar disponible a cualquier hora.
- Seguir creciendo, pero no necesariamente vivir como vive su jefe.
Ana no había dejado de ser ambiciosa. Había empezado a cuestionar una idea que durante años parecía obvia: que crecer significaba ocupar el puesto que estaba inmediatamente arriba.
Pero había algo más. Cuando trabajas cerca de alguien durante mucho tiempo, es fácil empezar a pensar que su manera de ejercer una posición es parte de la posición misma.
Ser VP significa vivir viajando. Ser director implica estar en reuniones todo el día. Ser CEO significa contestar mensajes los domingos. Tener una posición regional significa no tener vida.
Y no necesariamente.
Antes de concluir “yo no quiero ese trabajo”, conviene separar tres cosas:
- Lo que exige el rol: los resultados, las decisiones, la exposición y la responsabilidad que realmente vienen con esa posición.
- Lo que exige la empresa: su cultura, estructura, momento de negocio y expectativas sobre sus líderes.
- Lo que hace la persona: cómo delega, organiza su agenda, pone límites, desarrolla a su equipo y decide dónde involucrarse.
Dos personas pueden tener posiciones muy parecidas y ejercerlas de maneras completamente distintas. Una puede centralizar todas las decisiones y convertirse en indispensable; otra puede construir un equipo capaz de decidir sin ella.
Una puede vivir atrapada en la operación; otra puede proteger espacio para pensar y concentrarse en aquello que realmente requiere su nivel.
Entonces apareció una pregunta diferente para Ana:
¿No quieres ese trabajo o no quieres hacerlo de esa manera?
2. Quizá no es el puesto. Quizá es la empresa
A veces el problema no es el puesto. Es el lugar donde estás intentando ejercerlo
Pero tampoco todo depende de ti. Hay organizaciones que permiten mucha autonomía para construir equipos, delegar, poner límites y decidir cómo trabajar. Y hay otras donde el propio modelo de negocio hace algunas de esas cosas muchísimo más difíciles.
Un amigo que fue COO en Tesla me contaba cómo la presión permanente por la eficiencia se traducía en estructuras extremadamente delgadas. Equipos muy pequeños terminaban absorbiendo funciones que en otras organizaciones estarían repartidas entre muchas más personas.
Puedes ser extraordinario delegando, priorizando y organizando tu tiempo, pero el contexto también determina el margen que tienes para diseñar cómo ejerces una posición.
Por eso, antes de concluir “en mi nivel esto es así”, “para crecer hay que sacrificar esto” o “un puesto más grande necesariamente significa vivir de esta manera”, vale la pena hacerse otra pregunta:
¿Estás segura de que no se puede o simplemente no se puede ahí?
3. Ten las antenas abiertas
No esperes a querer cambiarte de trabajo para empezar a entender qué existe afuera
Yo hago esto todo el tiempo.
Cuando conozco a alguien que trabaja en una empresa que me llama la atención, pregunto. No porque esté buscando trabajo. Me interesa entender cómo se trabaja ahí y qué posibilidades de crecimiento hay.
Quiero saber cosas como:
- ¿Trabajan presencial, híbrido o remoto?
- ¿Qué tanta autonomía tienen los líderes?
- ¿Cómo toman decisiones?
- ¿La empresa está creciendo, invirtiendo o recortando?
- ¿Hay mujeres y otras minorías en puestos directivos?
- ¿Cómo se vive realmente una posición senior?
Con el tiempo, esas conversaciones te permiten descubrir algo que desde tu propia empresa puede ser difícil de ver: hay muchas maneras de construir una carrera y muchas maneras de ejercer una posición de liderazgo.
Por eso, mantén en tu radar organizaciones donde observes que:
- Los líderes tienen autonomía real para construir sus equipos y tomar decisiones.
- El negocio está creciendo o invirtiendo en áreas que te interesan.
- Existen formas de trabajo compatibles con la vida que quieres construir.
- Conoces a alguien en una posición senior y piensas: “Ese trabajo sí me gustaría tenerlo.”
- Ves personas ejerciendo posiciones grandes de una manera diferente a la que conoces.
Eso también es construir una carrera. No se trata de hacer networking cuando necesitas encontrar trabajo. Se trata de construir un mapa de posibilidades antes de necesitarlo.
4. Diseña tu propia versión de crecer
Y si no puedes construirla donde estás, quizá necesitas descubrir dónde sí
Ana todavía quiere crecer. Lo que está cambiando es su idea de cómo quiere hacerlo.
Quizá quiera el siguiente nivel, pero necesite aprender a delegar mejor para no convertirse en indispensable. Quizá descubra que quiere una posición regional, cambiar de función o trabajar en una organización con otra cultura. O quizá confirme que sí quiere el puesto de su jefe, pero no quiere ejercerlo de la misma manera.
No renuncies demasiado pronto a una aspiración sólo porque la única versión que tienes enfrente no te gusta.
Antes de hacerlo, pregúntate:
- ¿Qué del siguiente nivel sí quiero?
- ¿Qué tendría que aprender a hacer diferente para ejercerlo a mi manera?
- ¿Qué condiciones necesito encontrar para poder hacerlo?
- ¿Dónde he visto que sí se puede?
No necesitas querer la vida de tu jefe para querer seguir creciendo. Tu jefe puede mostrarte una versión del siguiente nivel, pero no tiene por qué decidir cómo se verá cuando llegues tú.
Y si esa versión no es posible donde estás, mantén las antenas abiertas.
Quizá la carrera que quieres sí existe. Sólo que no está exactamente donde estás mirando hoy.
