Siempre serás un manager en construcción

Ingrid Medina

¿Y si nunca llegas a sentirte completamente preparado?

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Durante las últimas seis semanas trabajé con 21 managers de diferentes empresas y niveles de experiencia. Algunos acababan de recibir su primera promoción; otros ya llevaban varios años liderando equipos.

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La excusa era una certificación que llamamos Lo que nadie te enseñó cuando te promovieron.

Hubo anécdotas que nos hicieron reír, confesiones inesperadas y uno que otro verdadazo que nos obligó a cuestionar lo que creíamos saber sobre liderazgo.

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Y entre tantas historias, aparecieron cinco aprendizajes que vale la pena compartir. Algunos son incómodos, otros bastante divertidos. Pero todos tienen algo que enseñarnos.

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Copiar el estilo de otro no te convierte en mejor líder

Si intentas hablar y actuar como tu jefe, todos lo notarán. Y tu credibilidad puede salir perdiendo.

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Llevo ocho años escuchando esta pregunta, especialmente entre mujeres que llegan a posiciones de liderazgo: «Ingrid, ¿cómo puedo desarrollar un estilo que sea mío y no una copia del de mi jefe?».

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Cuando empezamos a liderar, buscamos referentes. Algunos nos inspiran y otros nos muestran exactamente lo que no queremos hacer. El problema aparece cuando confundimos aprender de alguien con intentar convertirnos en esa persona.

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Mi respuesta suele ser una receta de tres ingredientes:

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  • Tú: tu personalidad, tus fortalezas, tus valores y también aquello que te distingue.
  • Tu equipo: las personas que lideras, su experiencia, sus necesidades y el momento en el que se encuentran.
  • El negocio: los resultados que necesitas conseguir, las prioridades y el contexto en el que trabajas.

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Tu estilo aparece cuando aprendes a utilizar tus fortalezas para responder a las necesidades de tu equipo y del negocio.

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Y no es algo que defines una vez y conservas para siempre. Cambia cuando cambia tu equipo, cuando cambian las exigencias del negocio y, por supuesto, cuando cambias tú.

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2. Mientras más tardes en tener esa conversación difícil, más difícil será tenerla

Si tu trabajo es comerte una rana, cómetela temprano.

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Dicen que esto lo dijo Mark Twain. No sabemos si es cierto, pero es una gran frase para hablar de conversaciones difíciles.

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Me sorprendió la cantidad de conversaciones pendientes que tenían los participantes. Algunos llevaban semanas evitándolas por miedo a desmotivar a alguien, provocar una reacción emocional o simplemente porque esperaban encontrar un mejor momento.

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Trabajamos una estructura de cinco elementos indispensables para preparar y conducir estas conversaciones, aunque no necesariamente ocurren en este orden:

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  • Define tu intención. Ten claro qué quieres lograr con la conversación, más allá de expresar tu molestia.
  • Revisa los hechos. Distingue lo que realmente ocurrió de tus interpretaciones.
  • Encuentra tu voz. Comunica el problema con claridad, sin atacar a la persona.
  • Deja que el otro hable. Escucha su perspectiva antes de sacar conclusiones.
  • Cierra con acuerdos. Define qué cambiará, quién hará qué y cómo darán seguimiento.

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A medida que creces en tu carrera, las conversaciones difíciles serán inevitables. Aprender a tenerlas sin evitarlas ni convertirlas en enfrentamientos será una verdadera medida de tu madurez ejecutiva.

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3. Las palabras también transmiten emociones

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Si comunicas cinco ideas, también puedes provocar cinco emociones. Y tu audiencia quizá solo pueda procesar una.

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En nuestras sesiones para elevar la influencia apareció una dificultad que veo constantemente en managers de todos los niveles: tienen buenas ideas, conocen su negocio y preparan argumentos sólidos, pero cuando llega el momento de comunicarlos, quieren decirlo todo.

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Si pudiera recomendarte una sola cosa, sería esta: no mezcles cinco ideas cuando lo que necesitas es que una sola sea recordada.

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Cada idea puede despertar una emoción diferente. Y cuando intentas comunicar demasiadas cosas a la vez, corres el riesgo de que tu audiencia quede confundida, abrumada o sin saber qué esperas de ella.

Antes de tu próxima presentación, conversación con tu jefe o reunión importante, hazte una pregunta: ¿cuál es la idea que realmente necesito que esta persona recuerde?

Una idea clara, una emoción que conecte con tu audiencia.

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4. Dos personas extraordinariamente talentosas pueden hacerse la vida imposible

No necesitas ser amigo de tu colega, pero sí aprender a trabajar bien con él. Aunque te caiga mal.

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Dos personas pueden ser extraordinarias en su trabajo y llevarse fatal. Mientras discuten, el trabajo se complica y los demás empiezan a cuestionar su capacidad para colaborar.

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Tengo que contarles una anécdota.

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Uno de los participantes de la certificación había trabajado conmigo años atrás. Después de nuestra sesión sobre relaciones laterales, me escribió:

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«¡Me acordé cuando me dijiste que, si no aprendía a llevarme bien con Alex, nos íbamos los dos de la empresa!».

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Me dio risa, pero la verdad es que sí, fui contundente. Eran dos personas muy talentosas que estaban convirtiendo sus diferencias en un problema para todos.

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Y la salida no era decidir quién tenía razón, sino aprender a trabajar juntos de otra manera:

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  • Deja el pasado atrás. No conviertas cada desacuerdo en una nueva prueba de que el otro es imposible.
  • Empieza de cero. Atrévete a tener una conversación diferente, sin reproches ni cuentas pendientes.
  • Construyan nuevos acuerdos. No tienen que pensar igual, pero sí comprometerse a colaborar.

No permitas que una mala relación con un colega termine contando tu historia profesional.

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5. Nunca vas a tener todas las respuestas

Aprende a mantener la tensión antes de apresurarte a resolverla.

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Para cerrar la certificación trabajamos con siete casos de la vida real. Era momento de poner a prueba las herramientas aprendidas durante seis semanas.

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Y retomamos algo que ninguna herramienta de liderazgo puede eliminar: la tensión.

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¿Qué haces cuando una persona extraordinariamente talentosa está afectando al resto del equipo? ¿Cómo respondes cuando alguien atraviesa una situación personal complicada, pero los resultados siguen siendo necesarios?

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Los managers estamos acostumbrados a resolver problemas. Queremos respuestas y decisiones rápidas.

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Pero no toda tensión necesita resolverse de inmediato. Algunas necesitan sostenerse para que aparezca algo nuevo.

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Cuando escuchas otras perspectivas y cuestionas tus primeras interpretaciones, pueden surgir nuevas alternativas y mejores decisiones que no habrías descubierto si te hubieras apresurado.

Eso también es liderar.

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Siempre serás un manager en construcción

Porque el día en que creas que ya lo sabes todo, dejarás de crecer.

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Después de más de 20 años trabajando con líderes, estas seis semanas también me hicieron cuestionar algunas cosas que creía saber.

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Y confirmé algo: la experiencia no elimina la tensión. Nos enseña a reconocerla, sostenerla y descubrir lo que puede surgir de ella.

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Siempre serás un manager en construcción. Y eso es lo mejor que te puede pasar.

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