Mi triste historia
Corría el año 2008. Yo era directora de Recursos Humanos de Ventas en GE Money. Mi colega de RH de Operaciones se fue de vacaciones y tomó una decisión bastante radical: guardar su Blackberry en la caja fuerte del hotel.
Yo no era responsable de su área, pero durante su ausencia renunció una persona clave de su cliente interno y hubo que resolverlo. Terminé autorizando un incremento salarial excepcional que probablemente él no habría aprobado.
.gif)
La pelea
Cuando regresó y se enteró, se puso muy mal. Yo también. Terminamos en una discusión que escaló mucho más de lo que debía.
Yo tenía argumentos: había una situación que resolver, él no estaba disponible y alguien tenía que decidir.
Hasta que, tiempo después, uno de los principales headhunters con los que trabajábamos me dijo algo que no he olvidado:
“Escuché que no tomas decisiones en equipo y que tratas mal a tus colegas.”
Me cayó como una piedra.
Ya no importaba tanto si mi decisión había sido correcta o incorrecta. Mi manera de relacionarme estaba construyendo una reputación, y esa reputación ya había salido de la empresa.
Ese día decidí algo: No quiero volver a escuchar esto de mí.
Lo que hice con eso
El cambio fue del cielo a la tierra.
Empecé a comunicarme más con mis colegas, a pedir su opinión y a consultar las decisiones que compartíamos. Viajaba a Monterrey a visitarlos incluso sin una razón urgente, me interesé más por sus vidas, busqué maneras de ayudarlos y hasta compartí cenas que, confieso, nunca han sido mi plan favorito.
También trabajé con un coach sobre mi manera de reaccionar, vincularme y construir confianza con los demás.
"No aprendí a evitar los conflictos. Aprendí a atravesarlos sin romper la relación."
Y con los años entendí algo que hoy me parece evidente:
Las relaciones se construyen antes de necesitarlas.
Tu promoción también depende de tus colegas
Cuando piensas en crecer profesionalmente, sueles mirar hacia arriba: tu jefe, el jefe de tu jefe, quien decide sobre tu promoción.
Pero tu reputación también se construye hacia los lados.
Los líderes observan cómo trabajas con tus pares y los headhunters preguntan.
Mientras más creces…
Más responsabilidad tienes, menos resultados dependen solo de ti.
Necesitas construir con personas que no te reportan, tienen sus propios objetivos y pueden ver el mismo problema de una manera completamente distinta.
Puedes ser extraordinario en tu función y, aun así, no estar listo para el siguiente nivel si nadie quiere construir contigo.
Lo que no se mide no se mejora
Haz una prueba: del 1 al 5, ¿cómo calificarías hoy tu relación con los tres o cinco colegas de quienes más dependes para lograr tus resultados?
Y ahora la pregunta incómoda:
¿Qué calificación crees que ellos te pondrían a ti?
Dos personas competentes pueden hacerse la vida imposible
Tu urgencia puede ser precisamente el riesgo que tu colega intenta evitar.
Muchas relaciones difíciles entre colegas no empiezan por incompetencia. Empiezan porque dos personas capaces están tratando de hacer bien cosas distintas.
Ventas necesita velocidad. Finanzas protege la rentabilidad. Operaciones busca estabilidad. Legal ve riesgos que otros preferirían no ver.
Si no te ha pasado, no has vivido
También trabajamos distinto.
Hay quien toma decisiones con 70% de la información y hay quien necesita 95%; quien quiere resolver en una llamada y quien necesita pensarlo; quien habla directo y quien necesita construir primero el contexto.
El problema aparece cuando esas diferencias dejan de ser operativas y empiezan a sentirse personales.
Y cuando juzgamos, perdemos
Después de varios desencuentros, dejamos de reaccionar solo a lo que pasó hoy.
Pensamos: otra vez… Juan.
Y ahí dejamos de describir comportamientos para definir personas:
es lento, es político, es controlador, es irresponsable, es complicado.
Hay otra pregunta que casi nunca hacemos
Cuando alguien nos irrita de manera desproporcionada, vale la pena mirar lo que está haciendo. Pero también preguntarnos:
¿Por qué esto que hace me resulta tan difícil a mí?
Lo que te choca, te checa
Quizá la persona desesperadamente lenta toca tu dificultad para detenerte.
Quizá ese colega “demasiado político” sabe leer las relaciones mejor que tú.
O quizá quien pone límites y te parece poco comprometido está haciendo algo que tú nunca te has permitido hacer.
No significa que todos los conflictos estén en nuestra cabeza. Hay comportamientos poco colaborativos, agresivos o irresponsables.
Pero la intensidad de tu reacción también revela algo sobre ti mismo.
No necesitas que tu colega te caiga bien
Trabajar bien con alguien no significa pensar igual, evitar el conflicto ni convertirte en su amigo.
Significa poder construir con alguien que ve el mundo de manera diferente.
Salte de ti
Cuando una relación se complica, prueba cambiar la pregunta.
En lugar de pensar “¿Qué le pasa a esta persona?”, pregúntate: “¿Qué está protegiendo que yo no estoy viendo?”
Cuando puedes ver ambas cosas, el conflicto deja de ser una pelea por quién tiene razón.
Aparecen dos necesidades que chocan y, con ellas, nuevas posibilidades.
Empieza hoy
Regresa a los colegas que calificaste al principio y escoge la relación con la puntuación más baja.
Esta semana, observa qué está protegiendo esa persona, qué estás protegiendo tú y cambia tu conducta antes de esperar que cambie la suya.
Una relación lateral deteriorada no se queda en lo personal: afecta las decisiones, la colaboración y también tu reputación como líder. La forma en que manejas esas relaciones influye en cómo otros ven tu capacidad para asumir responsabilidades mayores.
Quizá mañana tu colega siga haciendo exactamente lo mismo.
Pero si tú cambias la manera de relacionarte con él, puede empezar a ser menos difícil para ti.
